Me chivan por el pinganillo distintas fuentes muy bien informadas de que hay mucho drama en el sector de la educación de postgrado y en las universidades privadas. Se rumorea por lo bajini en los cenáculos que la burbuja educativa, al menos en lo relativo a postgrado y universidad, ha estallado.
Al parecer, los costes de captación se están disparando y la conversión de leads en alumnos ha caído dramáticamente, lo que provoca taquicardias, despidos, cancelaciones de programas, giros bruscos de estrategia, y mucha presión interna y externa mientras las pérdidas se acumulan.
El DRAMA en un sector acostumbrado a los días de vino y rosas y a una evolución tranquila viene no solo por las pérdidas, si no también porque los crecimientos no son los que se habían vendido a los fondos y al private equity, y los inversores empiezan a ponerse nerviosos (con razón) y a hacer preguntas incómodas.
Por supuesto, no se habla de esto en voz alta porque nadie quiere levantar la liebre de ese posible pinchazo de la burbuja educativa, porque el que más el que menos va a necesitar financiación adicional, y si los inversores se huelen la tostada no pondrán más pasta, y muchas entidades podrían saltar por los aires.
Creo que no llegará la sangre al río porque no interesa, hay mucho dinero y prestigio en juego, pero sí preveo una nueva oleada de fusiones y adquisiciones, pero esta vez con valoraciones a la baja, muy diferentes a las de hace pocos años. Muchos inversores se van a dejar hasta la camisa en el envite, pero la cosa no da para más, y para salvar los muebles el M&A podría ser una solución.
La causa de todo esto es que han matado a la gallina de los huevos de oro a base de exprimirla. En mi opinión, las razones son:
Exceso de competencia
El número de nuevas universidades privadas y escuelas de negocio es inasumible por el mercado. Por mucho que todos hayamos asumido la necesidad de formación continua en el mundo que vivimos, hay demasiada oferta.
Esto es especialmente grave en la formación online enlatada, donde la oferta es gigantesca (porque es muy fácil y barata). Ahí compiten casi todos los players: las entidades más convencionales con olor a naftalina digital, “escuelas” unipersonales impulsadas por influencers, agencias y consultoras ofreciendo formación, nuevas y viejas universidades privadas, instituciones internacionales de prestigio y sin él, online pure players y marketplaces educativos, 2367 «netflix de la educación», escuelas de negocio de todo a cien, empresas que venden tornillos pero ofrecen formación porque patatas, entidades públicas que subvencionan una educación basada en chiringuitos, intentos serios, academias digitales, y un largo etcétera, todos apostando por la avalancha de la “formación online”, porque todos han visto la posibilidad de dinero fácil con inversiones reducidas.
El problema, claro, es que no hay sitio para todos y el ruido es sencillamente ensordecedor.
Baja calidad formativa
La consecuencia más evidente de esa explosión de la formación enlatada, y de la necesidad de incrementar los márgenes por la presión de los accionistas (fondos y PE) que quieren la rentabilidad prometida, aunque sea a costa de reducir la calidad (peores servicios, profesores peor pagados y como consecuencia bajada de nivel, etc.), es una fuerte bajada de la calidad en la formación. Y cuando digo fuerte bajada de la calidad, me refiero a una bajada de calidad dramática.
Es fácil encontrar en las redes quejas de alumnos (algo impensable hace unos años), algunos incluso animándose a presentar demandas porque se sienten estafados, y con razón en muchos casos. Pero donde más se nota es en las conversaciones informales, donde las quejas son constantes, y en la calidad profesional de los egresados: sale gente al mercado que no sabe hacer la O con un canuto, a pesar de tener más títulos que el almirante Nelson. Esto es debido también a la obsesión por los títulos y certificados, que llevan ya tiempo no aportando absolutamente nada.
En mi caso, hace mucho tiempo que títulos y certificados de ciertas universidades, escuelas, organizaciones y empresas son una red flag que me lleva a no contratar. Si el alumno apuesta por según qué «escuelas», es que o no se toma en serio su formación o no sabe elegir, y ambas son señales de riesgo, por lo que prefiero optar por otros candidatos.
Marketing engañoso y estrategias comerciales mega agresivas
Al marketing engañoso que vende lo que no tiene, confundiendo al alumno (dicen que dan clases en vivo y es todo grabado, las mentorías son con una IA en lugar de con un experto, venden un profesorado que en realidad no tienen, ofrecen una bolsa de trabajo inexistente, networking invisible, etc.), se suma una estrategia comercial de tierra quemada: llamadas constantes, descuentos salvajes camuflados como «becas especiales», cierres urgentes, presión al alumno… Al lead hay que apretarlo a muerte para cerrar la matrícula en una sola llamada, sin piedad: no dejarle escapar hasta que pague, no vaya a ser que lo pille otra escuela y nos lo robe.
Todo esto, además, se ha contagiado incluso a escuelas convencionales, debido a la presión por ingresar. El modelo de venta con el cuchillo en los dientes ha funcionado durante un tiempo, pero muchos candidatos a alumnos se están vacunando ante las mentiras y la presión, y se informan más y mejor antes de comprar. Ergo la conversión baja, y eso incrementa los costes de captación… creo que lo vais pillando, ¿no?
Estas tres cosas (exceso de oferta, baja calidad y marketing engañoso) combinadas han traído la tormenta perfecta al sector, que ha entrado en un círculo vicioso que les hace caer en picado, porque los alumnos ya no se creen tan fácilmente las promesas falsas de las pseudo escuelas de negocio y pseudo universidades, y eso hace que cada vez sea más difícil convertir leads en alumnos. El resultado: drama, mucho drama, y una burbuja más que ha explotado mientras todo el mundo calla.
¿Y Startups Institute qué?
En el caso de Startups Institute, por suerte para nosotros, jugamos a otro juego por varias razones. Por un lado, somos pequeños (pero matones) por diseño y las grandes batallas del sector nos afectan solo de refilón. No tenemos inversores, accionistas, fondos ni private equity que nos metan presión, y jugamos en el largo plazo, sin problemas de caja y con cero deuda. Sí, cero deuda, amics, una bendición en los tiempos que vivimos.
Además, hemos apostado fuerte por ir a la contra en todo. Somos esa rara avis que va en contra dirección, como si fuera un kamikaze, pero yo creo que precisamente por eso nos va muy bien, y llevamos un crecimiento del 68% sobre las mismas fechas del año pasado. Cuando todos apuestan por lo enlatado, por contenidos hechos por IA, por reducir el contacto humano, nosotros apostamos por justo lo contrario.
La receta en realidad es muy simple, pero en estos días parece ciencia ficción o algo de un pasado muy remoto:
- Calidad formativa innegociable. Buscamos que nuestros alumnos generen impacto en la sociedad, y eso pasa por transformarlos de verdad. La calidad se basa en un claustro de primera, una metodología propia, pocos programas pero muy muy buenos, pocos alumnos (máximo 25 por curso)… nada nuevo, pero hoy en día, ciencia ficción.
- Aplicación práctica al negocio. La teoría la tienes en todas partes gratis, así que aquí no enseñamos, aquí hacemos con los alumnos, construimos para aprender, siempre con foco en el mercado.
- Exigencia máxima a profesores, mentores, alumnos… Aquí se viene a currar, o te quedas fuera.
- Protagonismo absoluto a las personas. Usamos la IA en nuestros procesos, pero la formación y las mentorías las dan personas, porque creemos en el valor de la experiencia y en que los matices cuentan. Fomentamos el networking real y nuestras clases son participativas.
- Marketing honesto, no vendemos falsas promesas de éxito asegurado.
- Venta consultiva, no venta agresiva: si no encajas, te lo decimos. Tú decides, a tu ritmo, nosotros no tenemos prisa. Hay alumnos que han tardado año y medio en entrar, y muy pocos entran en menos de 10 días.
- Precios claros y transparentes, no hacemos descuentos agresivos ni negociamos precios, la educación no es un mercadillo.
Con esos mimbres, y siendo más cabezotas que un toro de Guisando, no nos va mal. Yo lo que espero es que haya muchos otros contrarians por ahí, y que la formación vuelva a donde debía: al ámbito del propósito y del impacto real. Como sociedad ahí es donde nos jugamos el futuro.





